La apnea del sueño en mujeres, la gran infradiagnosticada

Mujer

La apnea obstructiva del sueño no es un problema exclusivo del varón con sobrepeso y ronquido intenso. También afecta a muchas mujeres, pero con frecuencia pasa desapercibida porque sus síntomas pueden ser menos típicos y más difíciles de reconocer.

En lugar de consultar por pausas respiratorias evidentes o somnolencia marcada, muchas mujeres presentan cansancio, sueño no reparador, insomnio, cefalea matutina, irritabilidad, ansiedad o dificultad para concentrarse. Además, el riesgo aumenta tras la menopausia, por lo que es importante mantener la sospecha diagnóstica en esta etapa.

¿Por qué la apnea del sueño en mujeres se diagnostica menos?

Uno de los motivos es que durante años la apnea del sueño se ha asociado sobre todo al sexo masculino, lo que ha favorecido que en mujeres se sospeche menos o más tarde.

Además, la presentación clínica suele ser menos clásica. En vez de ronquido intenso, pausas observadas o gran somnolencia, muchas pacientes consultan por síntomas inespecíficos como fatiga, insomnio, cefalea o alteraciones del ánimo, que pueden confundirse con estrés o trastornos emocionales.

La menopausia también contribuye al infradiagnóstico, porque algunos síntomas propios de esta etapa, como despertares nocturnos o cansancio, pueden ocultar una apnea del sueño. A ello se suma que algunas herramientas de cribado pueden detectar peor ciertos fenotipos más frecuentes en mujeres.

¿Qué síntomas deben hacer sospechar apnea del sueño en una mujer?

La sospecha debe plantearse no solo ante ronquido o pausas respiratorias, sino también ante fatiga persistente, sueño no reparador, insomnio, cefalea matutina, dificultad de concentración, irritabilidad, ansiedad o ánimo bajo.

También conviene pensar en apnea del sueño cuando hay despertares frecuentes, sensación de no descansar bien, somnolencia, nicturia o sueño fragmentado, sobre todo si existen factores de riesgo como sobrepeso, hipertensión, ronquido habitual o menopausia.

Más que esperar un perfil “típico”, lo importante es mantener un alto índice de sospecha. Los síntomas no confirman el diagnóstico, pero sí justifican valorar un estudio del sueño.

Apnea del sueño y menopausia: qué cambia en esta etapa

Tras la menopausia, la frecuencia de apnea obstructiva del sueño aumenta claramente. Esto probablemente se relaciona con cambios hormonales y con modificaciones en la composición corporal y la distribución de la grasa.

El problema es que en esta etapa aparecen síntomas como insomnio, cansancio, peor calidad del sueño o cambios del estado de ánimo, que pueden atribuirse al climaterio y no a un trastorno respiratorio del sueño.

Por ello, en mujeres peri o posmenopáusicas conviene aumentar la sospecha si existen ronquido, pausas observadas, cefalea matutina, hipertensión, despertares frecuentes o fatiga diurna.

¿Cuándo conviene hacer un estudio del sueño?

Debe plantearse cuando existen síntomas persistentes compatibles con apnea del sueño, especialmente si se asocian a factores de riesgo como sobrepeso, hipertensión o menopausia.

El diagnóstico no debe basarse solo en síntomas o cuestionarios. Cuando la sospecha clínica es razonable, debe realizarse una prueba objetiva de sueño. En muchos adultos puede utilizarse un estudio domiciliario adecuadamente indicado, aunque en casos más complejos puede ser preferible una polisomnografía convencional.

Resumiendo… pensar en la apnea del sueño también en la mujer

La apnea obstructiva del sueño en mujeres existe, es frecuente y, con demasiada frecuencia, sigue diagnosticándose más tarde de lo deseable porque puede presentarse con síntomas menos típicos, como insomnio, fatiga o alteraciones del estado de ánimo, en lugar del perfil clásico que muchos asocian a esta enfermedad. La menopausia, además, aumenta su probabilidad y puede hacer todavía más difícil reconocerla a tiempo.

Por eso, ante una mujer que ronca, duerme mal, se despierta cansada o arrastra síntomas persistentes sin una explicación clara, conviene pensar en la posibilidad de apnea del sueño y valorar un estudio diagnóstico adecuado. Detectarla a tiempo permite poner nombre al problema y, sobre todo, empezar a tratarlo.

Scroll al inicio